En lo que calificó como “el fin oficial de una era de ineficiencia sancionada por el gobierno”, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) como organismo ejecutor de la política de ayuda exterior. El anuncio fue realizado mediante una columna publicada en el sitio oficial del Departamento de Estado, marcando un punto de quiebre en la estrategia global de cooperación estadounidense.
A partir del 1 de julio, la administración, diseño y ejecución de los programas de asistencia internacional serán responsabilidad directa del Departamento de Estado. Rubio aseguró que esta transición permitirá implementar políticas con “mayor responsabilidad, estrategia y eficiencia”, alejadas de lo que calificó como estructuras burocráticas ineficaces.
🧾 Una revisión crítica al legado de USAID
Rubio argumentó que la agencia —fundada en 1961— contó con más de seis décadas de operación y un presupuesto multimillonario financiado por los contribuyentes, pero que sus resultados han sido “insatisfactorios y contraproducentes” en muchos casos.
Durante la revisión realizada bajo la administración Trump, se evaluaron más de $715 mil millones de dólares en gastos ajustados por inflación. Los hallazgos revelaron, según Rubio, que los programas promovidos por USAID no solo fracasaron en alcanzar objetivos sostenibles de desarrollo, sino que, en algunos casos, fomentaron estructuras de dependencia, beneficiaron a grupos hostiles a EE. UU. o incluso reforzaron sentimientos antiestadounidenses.
En el caso de África subsahariana, Rubio denunció que pese a recibir $165 mil millones en asistencia desde 1991, los países de esta región votaron junto a Estados Unidos solo en el 29% de las resoluciones esenciales de la ONU en 2023. En Medio Oriente, más de $89 mil millones invertidos desde los años noventa no evitaron que China superara a EE. UU. en índices de favorabilidad regional, con la excepción de Marruecos.
🏛 Críticas al modelo de cooperación y proliferación de ONG
El secretario de Estado también denunció la existencia de lo que denominó un “complejo industrial de ONG globales”, cuyos directivos —según afirmó— llevaban estilos de vida lujosos mientras los destinatarios de los programas seguían marginados. Criticó que USAID se concentrara en proyectos que respondían más a intereses ideológicos, como iniciativas de diversidad y censura digital, que a las prioridades estratégicas de la nación norteamericana.
“Donde antes había un arcoíris de logotipos irreconocibles en la ayuda exterior, ahora habrá un solo símbolo: la bandera de Estados Unidos”, enfatizó Rubio, insistiendo en que la asistencia debe percibirse como una inversión del pueblo estadounidense, y no como una dádiva de una organización anónima.
📈 Nuevo enfoque: inversión, comercio y reciprocidad
El nuevo modelo propuesto por el Departamento de Estado establece que la ayuda será selectiva, temporal y condicionada al compromiso de los países receptores con el desarrollo sostenible. Se favorecerán aquellos proyectos que puedan catalizar inversión privada —especialmente de origen estadounidense— y generar impacto económico de largo plazo.
Rubio sostuvo que, tras consultar con líderes de África y América Latina, hallaron consenso en una demanda común: “los países no quieren caridad, quieren inversión que les permita crecer”.
Además, se busca descentralizar la política de asistencia exterior mediante el empoderamiento de diplomáticos locales y oficinas regionales, con el objetivo de crear mecanismos de retroalimentación que aseguren el alineamiento entre los programas ejecutados y los intereses geoestratégicos estadounidenses.
“La ayuda exterior debe ser un instrumento de política exterior, no una bandera ideológica ni una industria subsidiada”, sentenció.
🔄 Una política de «Estados Unidos Primero» con visión global
Rubio aseguró que este viraje estructural en la cooperación estadounidense ya muestra resultados: más aliados están asumiendo compromisos financieros mayores en proyectos multilaterales y la Organización de las Naciones Unidas ha comenzado a redefinir su papel dentro de estos esquemas. También lo consideró una respuesta directa al “modelo de ayuda explotadora de China”, con la intención de reposicionar a Estados Unidos como un socio confiable, pero con expectativas claras.
“El 1 de julio marca el inicio de una nueva era de asociación global: basada en el comercio, la inversión y la sostenibilidad, y no en la dependencia asistencial”, concluyó Rubio.



